lunes, 12 de julio de 2010

ME VOY DE CASA

Un día del mes de septiembre pasado, Andrés armó una buena trastada. Una de las más gordas, hasta el momento, porque seguro que habrá más y peores aún.
Al chaval le gusta madrugar, entonces, los sábados y domingos que no hace falta levantarse tan pronto, sobre todo a su madre, le gustaba quedarse hasta más tarde en la cama, y más sabiendo que Andrés aunque despertase, se quedaba jugando en su habitación o se iba a ver la televisión al cuarto de sus padres. Esta vez no, lo que hizo fue simplemente irse. Sí, así como suena, se fue. Se puso una chaqueta y las botas de agua, para no coger frío, abrió la persiana porque la puerta estaba cerrada con llave, saltó por la ventana de la cocina y se largó a dar una vuelta. Menos mal que estaba su abuelo en la cuadra cebando a los animales y lo vio porque si no a saber dónde habría ido.

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