Como la mayoría de los días, Josper, el pequeño lobo del bosque, salió a dar un paseo.
Aunque sus progenitores le habían advertido que no podía salir fuera de los límites del bosque, esta vez decidió alargar su caminata y dejó atrás el refugio que le ofrecían los árboles.
A lo lejos en el horizonte, vio una pequeña granja. Se acercó cada vez más y cuando estuvo lo suficientemente cerca, se asombró de que hubiese una especie animal que él aún no conocía.; no, el sonido de su voz era muy…sonoro y musical, pensó.
_ ¡Me gusta!
El animal fue hacia el establo, lo abrió, y el lobito Josper vio salir un hermoso caballo. El otro animal entró cuando el caballo salió.
_ ¡Hola!, Me llamo Josper y vivo en el bosque.
El caballo se asustó mucho cuando vio que quien le hablaba era ni más ni menos que un lobo. Pero fue valiente y se acercó. Enseguida se dio cuenta de que no debía de tener miedo. Sólo era un cachorro.
_Soy Sacho, le dijo. Me parece que estás un poco lejos de tu casa.
_ Pues sí, seguro que si mis padres se enteran…me castigarán y se enfadarán conmigo. Así que no me voy a quedar mucho tiempo ¿Qué animal te acompañaba? Nunca había visto uno así.
_ No es un animal como nosotros, es un hombre. Seguro que si tus padres no te dejan salir es por causa suya.
_ ¿Por qué? No es tan feo, no tiene garras, ni colmillos que me puedan hacer daño.
_ Pero tiene armas y es muy inteligente, seguro que si te viese aquí te mataría sólo por ser un pequeño lobo.
_ Sé que tenemos mala fama pero no entiendo porqué querría hacer eso si yo no le hice nada.
_ Sencillamente porque sí, le gusta ver a los animales bajo su dominio y los lobos no sois precisamente dóciles, más bien todo lo contrario, yo me asusté mucho al verte, si estoy hablando contigo es porque me di cuenta de que eres un cachorro, si no ni me habría acercado te lo aseguro.
_ Creo que no deberías juzgar a los animales sin conocerlos antes.
_ Puede que tú seas un lobo bueno, pero eso no es lo normal, te lo aseguro. Se oyen historias horribles sobre vosotros.
_ Bueno, está bien, somos feroces, pero sólo cuando tenemos hambre y necesitamos cazar para comer, ¿es que tú no comes carne?
_ Yo como hierba, para mí con eso es suficiente. Es rica y nutritiva.
_ ¡Puaj, qué asco! Sería incapaz de probar algo así.
_ Lo sé. Sé que no a todos nos tiene porqué gustar lo mismo. También sé que cuando matais es para comer, pero eso el hombre no lo entiende, así que ten cuidado. Yo también lo tendré porque quizá un día cuando seas mayor tengas hambre, y…me comas a mí.
_No podría, eres mi amigo.
_Sí, pero si no tuvieras el instinto de los lobos te morirías de hambre, y cuando ese instinto aflora no se puede contener.
_Yo podré con él, te lo aseguro amigo. Ahora debo irme, porque se hace tarde y mis padres se preocuparán si no llego a la hora de cenar. ¡Hasta otro día!
_¡Adiós! Cuídate.
El caballo se alejó. Se fue al trote hacia un prado muy verde que estaba detrás de unos árboles, seguramente tendría hambre.
Mientras se alejaba su amigo, Josper se fijó bien en aquel lugar, parecía muy bonito, no era como su casa. Su casa era una cueva, pero aquello no era una cueva normal. Tenía en la parte de arriba un musgo muy raro, el de su casa era verde, pero este era rojizo y parecía ondulado. Las paredes estaban lisas, no como las suyas que eran irregulares. Además había por todas partes huecos muy cuadrados que se abrían totalmente cuando el hombre quería, Josper nunca había visto nada así.
Tan ensimismado estaba mirándolo todo que no se dio cuenta de que el hombre le había visto a él. Pero Sacho, adivinando las malas intenciones de su amo, echó a correr para avisar al lobito del peligro que corría.
Este, oyó el galope de su nuevo amigo y se asustó, pero aún se asustó más cuando vio al hombre, que casi había llegado a su lado. Sintió un gran escalofrío que le recorrió todo su lomo, desde su cuello hasta la puntita del rabo, y sin saber lo que hacía, pero atemorizado por lo que Sacho le había dicho, dio media vuelta y echó a correr como alma que lleva el diablo en dirección al bosque.
Ya casi lo había alcanzado, cuando oyó gritar a Sacho:
_¡Cuidado, lleva un arma!
Josper no sabía que era aquello, el caballo le había dicho algo, pero no recordó preguntarle para que servía.
Al fin llegaba al bosque, unos metros más y estaría a salvo.
De repente… ¡Pan Pan!
_ ¿ Qué es eso?, pensó
No sabía que precisamente ese ruido lo había hecho el arma del hombre. ¿Por eso le gritaba su amigo? Estaba muy confuso, pero llego a la hojarasca del bosque, sintió las hojas caídas de los árboles bajo sus pies y se sintió a salvo. Descansó un poco, había corrido tanto que estaba exhausto. No sintió más explosiones. No debía de ser nada bueno que aquello explotara tan cerca.
Cuando estuvo recuperado se dispuso a seguir su camino, pero se encontró con alguien al que tampoco había visto nunca.
_ Un día lleno de sorpresas, se dijo.
A quien vio fue a un enorme perro, que venía hacia él a todo correr, en su busca.
_ ¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño?
_ Nadie me ha hecho nada, a no ser que te refieras al susto que me he llevado por culpa de ese maldito hombre, pero… ¿quién eres tú?
_ Soy Sami. Mi amo es el hombre. Oí como Sacho te avisaba y eché a correr por detrás de la granja para protegerte, pero veo que has salido bien parado.
_ Sí, aunque oí unas explosiones muy raras, ¿qué son?
_ Disparos, son peligrosos. Pueden matarte si te aciertan
_ Sacho chilló algo así cuando corría. Tendré cuidado la próxima vez
_ No habrá próxima vez. No quiero volver a verte por aquí. Ahora mismo te vas a casa, con tus padres, y no se te ocurra salir de los límites del bosque. Supongo que ellos ya te habrán advertido de lo peligroso que puede ser. Les conozco bien. Solía visitarles a menudo antes de que tú nacieras, ahora hace tiempo que no les veo, están ocupados contigo, no quería molestarles. Ahora veo que ya has crecido mucho, estás hecho todo un lobo. Quizá sea hora de volver a verles.
_ ¿Así que les conoces? ¡Qué sorpresa!
_ Les conocí un día de invierno. Estaba frío, no tenían nada que comer, había mucha nieve. Me dio pena que se encontrasen tan mal, así que les ofrecí parte de mi comida. Desde ese día somos buenos amigos.
_ Me alegro. Ahora se me hace tarde, ¿por qué no vienes conmigo?
_ No, he de volver, si no mi dueño se enfadará, cuando se enfada es terrible. Salúdales de mi parte y diles que un día de estos iré a hacerles una visita, en cuanto me pueda escapar.
_ Muy bien, entonces, hasta pronto, amigo.
Cada cual siguió su camino. Al cabo de un rato, Josper llegaba a su casa.
Su madre le esperaba fuera, muy nerviosa por su tardanza. Cuando le vio aparecer, le dio un fuerte lametazo que casi le tira panza arriba, llamó a su pareja, que se encontraba en la parte de detrás de la cueva vigilando por si su hijo aparecía.
Antes de que dijeran nada les contó todas sus aventuras, a pesar de que sabía que se enfadarían con él. Cuando acabó su relato se dio cuenta de lo enfadados y preocupados que estaban, entonces repitió un montón de veces que no se volvería a escapar, que no saldría de los límites del bosque, había aprendido la lección. Su padre le miró fijamente y dijo:
_ Está bien, espero que sea así, pero esto merece un castigo, ¿no crees?
_ Me parece que sí, contestó el lobito.
_ Pues decide tú. Elegirás tu castigo y lo cumplirás.
Josper pensó durante toda la noche el castigo que se impondría.
A la mañana siguiente había tomado una decisión.
_ ¿Qué has decidido hijo?, le pregunta su padre
_ Todo ha sido por salir del bosque, no volveré a salir solo y sin permiso además, tendré que contar a todos los animales del bosque mi historia para que al hombre lo eviten en todo momento, es muy peligroso. Dedicaré todas las mañanas a ir a una casa y otra hasta que todos estén enterados, y por supuesto por las tardes haré mis tareas, porque soy un lobito muy responsable, bueno y… volveré a ser obediente para que mis padres se sientan orgullosos de mí.
Por eso ahora cuando un hombre pasea por los bosques los animales huyen a su paso. Josper está haciendo un gran trabajo. Lo proclama a los cuatro vientos, hasta que todos comprendan que el hombre es temible.
Andrés ha escuchado todo el cuento, no se ha dormido aún, pero ya no puede más, los ojillos se le cierran y sonríe, pensando en el lobo bueno. Su madre le da un beso y al oído le repite lo mismo que todas las noches antes de irse a dormir:
_ ¡Buenas noches, que duermas bien, ten felices sueños, te quiero! ¡Hasta mañana mi amor!
Ya no la oye, pero a él le gusta que se lo diga, en ese orden.
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