Cuando Andrés se entera de que su madre va a ir de compras se empeña en ir con ella. Le avisan de que se tiene que comportar como un hombrecito, y él por supuesto, responde que el es un chico de palabra.
Llegan al centro comercial.
Cogen un carrito y empiezan a meter cosas en él.
Al principio el niño es muy formal, pero va pasando el tiempo y se le olvida lo que prometió.
Empieza a correr entre los pasillos. Se pierde por cualquier rincón.
No responde.
Su madre sabe que las cajeras le conocen y que no debe de preocuparse, así que sigue comprando y de vez en cuando le busca para comprobar que está bien.
Casi ha terminado de llenar su carro, se da la vuelta para ir a la pescadería y allí está Andrés. Charlando con la pescadera.
La madre se acerca y la chica le pregunta si quiere algo.
_Sí, dame unos mejillones y un kilo de parrocha, ¿que te parece Andrés?
_Bien
Y la pescadera dice:
_Andrés, ¿no será mejor que lleves una merluza?
El niño mira al suelo, calladito
_¿Se te comió la lengua el gato?
_No
_¿Por qué?, le pregunta la madre a la pescadera
_Es que lleva media hora intentando robarle los dientes a la merluza para empezar a hacer una colección de dientes de pez, según dice