La abuela Felisa se cayó. Fue un buen golpe, tanto que se rompió la cadera. Estaba dando un paseo por fuera y cuando volvía a casa, catapún, patas arriba. Ella llamaba sin parar, pero Andrés estaba jugando con la nintendo, miraba por la ventana, y no veía a nadie. Volvía a escuchar que lo llamaban y volvía a mirar, seguía sin ver nada y seguía jugando. Así hasta que el abuelo Goyo, oyó el jaleo y llegó donde estaba su madre y la ayudó.
Entonces Andrés se dio cuenta del problema y salió dispuesto a ayudar.
Le llevó una silla para sentarse, y como tenía mucho dolor para que se le pasara, y de paso aliviar su conciencia por no haber salido cuando le llamaban, le cogió un puñado de flores, el lo llamaba ramo, pero lo dejaremos en puñadito. Para el caso es lo mismo, para su abuela en aquel momento era igual que un centro de flores para una boda.
Llegó Javi, que es un primo de la mamá de Andrés, y ayudó a solucionar el traslado de la herida.
Después llegaron sus padres y ya vieron que el panorama no era muy bueno, así que tendría que venir una ambulancia.
Mientras llegaba, como la abuela se había hecho daño en las manos y sangraba un poco, el pequeño, que quiere ser médico, entre otras cosas, decidió que la curaría él. Se fue directo al baño a coger la cajita donde su mamá guardaba las cremas y gasas con las que hace las curas a la abuela, pero como es muy bajito aún, se subió a la bañera y allí haciendo equilibrios de barra sin red, alcanzó el lavabo, y desde éste llegó al armario del baño donde se encontraba la cajita. La cogió y fue rápidamente donde la abuela:
_ Ya estoy aquí, ya traigo para curar, saco una “tilita de spyderman” y no hace falta que venga nadie. (Porque las de spy son las mejores, son las suyas, y si no, de batman, o de superman, el caso es que no sean normales. Las normales no son buenas precisamente por su normalidad)
¡Pobre Andrés! En cuanto vio la ambulancia empezó a llorar, el pequeño pensaría que era algo más grave, aunque una rotura de cadera es algo bastante grave para una persona de 90 años, pero me refiero a que no pensaba volver a ver más a la abuela.
_ ¿Dónde van con ella? No quiero que se la lleven, déjenla en paz… ¡Noooo, güelita mía, nooooo!
Qué miedo nos dan las ambulancias desde pequeños, ¿verdad?
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