El día que la madre de Andrés fue a hablar con Marián, que es la profesora del pequeño, llegó a casa muy contenta, le había dicho que no había problema ninguno en que su hijo faltase a menudo, (no por gusto, sino porque está enfermo muchos días al mes, sobre todo en los meses de más frío) ya que es un niño inteligente, con mucha lógica, que razona mucho las cosas y con un vocabulario y una dicción increíble. Le puso ejemplos de la aptitud del chico.
_ Niños, voy a repartir las fichas. Teneis que pintar un caminito que vaya desde dónde está el perro hasta su caseta, para que pueda dormir calentito.
_ Marián
_ Dime Andrés
_ Pero, ¿para que vamos a hacer un camino a la caseta?, ¿cómo va entrar el perro a dormir si es más pequeña que él?
Este razonamiento lo hizo con 3 años, cuando empezó en preescolar, nunca había ido a ninguna guardería antes, así que Marián se quedó impresionada. Fue el único que se dio cuenta del detalle.
Otro ejemplo:
_ Vamos a decir palabras con la letra que yo os diga, ¿de acuerdo? A ver palabras que empiecen por m.
_ Mamá, dice Pablo
_ Mario, dice Mario
_ Mar, dice Manuel
_ Mastodonte, dice Andrés
_ Muy bien, ahora vamos con otra, la…P
_ Patético, dice Andrés
Y se queda tan ancho.
Lo que preocupaba a su madre era que sus dibujos nunca tenían los colores bien delineados, siempre se salía de las líneas y mezclaba en el mismo hueco todo el arco iris. Sin embargo, Marián le enseñó dibujos de sus compañeros y le explicó que está al mismo nivel que los demás en esa cuestión.
Lo que peor lleva es tener que estarse calladito, no hay quien pueda con él en ese aspecto. Y otra cosa, es muy lento para hacer las tareas, acaba siempre de los últimos, aunque, por lo visto, es para que quede bien hecho. Si de verdad es así, perfecto.
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