_¿Como es posible que siempre esté montando estos numeritos?, le preguntaba la madre de Andrés a su tía Mª Loli por teléfono.
Llevaba hablando un buen rato. Todas las semanas llama a su tía y se pasa 1 hora al menos relatando todas sus historias.
No se dió cuenta de que el niño se había levantado de la siesta y se había quedado escuchando detrás de la puerta.
Allí estaba, sentado en el suelo, escuchando.
La última trastada había sido bastante buena, estaban sus primos en casa, se había puesto un poco "tontito" y por hacer la gracia, subió a la planta de arriba donde dormía su tío Cibi.
Como no tenía nada que hacer, cogió la regadera y llenó todo el suelo de agua.
El tío escucho ruidos y se levantó, llamó a su hermana y le dijo que tenía los zapatos empapados de agua.
Ella le dijo:
_¿Como es posible?.
_Sube aquí y verás, dijo él.
Cuando su madre lo vió se puso echa una fiera y le había gritado.
Ahora se lo contaba a su tía.
Debía de haberlo hecho muy mal para que se pusiera así.
Esperó a que su madre colgara el teléfono y entró.
_Ya se porque hago esas cosas mamita. Es que tengo el cortex cerebral más de reptil que de mamífero y entonces soy más agresivo.
La palabra que describe en ese momento el estado de la madre es: ACOJONADA
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