viernes, 13 de agosto de 2010

UN DIA EN EL MONTE

El verano pasado, la madre de Andrés por fin le dejó ir a quedarse sólo a casa de sus tíos, Cibi y Sandra. Vivían en una cabaña de piedra y madera en un monte de Piloña, con sus primos, Iker y Deva.
Iker es el mayor, tiene 6 meses más que Andrés. Deva es la pequeña, aunque eso no quiere decir que sea la más tranquila, porque es un terremoto, se parece mucho a su primo, en todo. Iker es muy tranquilo, reflexivo, silencioso y prudente. Deva y Andrés son todo lo contrario. Todos se llevan bien… ahora.
Andrés siempre había ido con sus padres, pero esta vez, fue su abuelo Goyo que iba de visita y convenció a su hija, la mamá de Andrés, para poder llevarse a su otro nieto. Una vez allí, tío Cibi llamó y le preguntó si se podía quedar a pasar el día porque el abuelo ya se volvía y al niño le apetecía comer con los primos. Aunque no muy convencida dijo que sí, con la condición de que volviera antes de la cena y lo trajera él.
Andrés llegó a casa muy puntual y casi dormido. Todo había ido bien, según su tío, claro. Se dio un baño, cenó y se fue a dormir.
A las dos de la madrugada, empezó a gritar.
_¿Qué te pasa cariño?,dice su madre
No contesta a la pregunta, pero habla de cosas un poco raras
_No me caigo…Déjame…No quiero…Se lo voy a decir a mi mami…
Y empieza a llorar desconsolado. Hasta que su madre lo calma pasan al menos diez minutos. Ella cree que ha pasado algo en casa de su hermano que no le contaron. Al día siguiente le llama.
_¿Le pasó algo ayer al pequeño?
_Algo ¿por qué?
_Por la noche estuvo llorando y soñando, no sé que podía pasarle. Se me ocurrió que ahí hubiese tenido un susto…no sé.
_Sí que pasó. Se subió al tejado con Iker. En un descuido, fueron por detrás de la casa, hicieron lo que nunca pensé que se les ocurriría, subir a comprobar la resistencia del velux que tengo en el tejado. Sé que no fue obra de Iker porque me lo dijeron, además a éste no se le ocurren esas cosas. No quise decir nada para que no le riñeras porque ya lo hice yo.
La mamá de Andrés cuelga el teléfono y se va a hablar con él
_Pero, ¿cómo se te ocurre subirte al tejado? Si te llegas a caer, ¿qué pasa?
_Pero no me caí
_Cuéntame lo qué pasó, porque prefiero que me lo cuentes tú todo, luego llamaré a tía Sandra que yo sé que me dirá toda la verdad.
_¡Jopé!, no quiero decir nada…_grita
_Andrés… vamos
_Es que yo…sólo quería comprobar la resistencia de la ventana en el tejado, entonces le dije a Iker que subiéramos, él me dijo que sí, fuimos por detrás y… arriba. Cuando estábamos arriba, nos vieron, tío Cibi nos llamó. Iker se quedó quieto, pero yo eché a correr por el tejado.
Su madre empieza a pensar lo que podría haber pasado, ya que, por la parte de atrás está muy bajo y hasta los niños con poca altura se suben, pero por la fachada de la cabaña, está alto, unos… cuatro metros de alto.
Llama a su cuñada y ella le cuenta que es verdad lo que dice Andrés, pero que las pesadillas serían porque le daban gritos para que se bajara y no hacía caso. Ella tuvo que ir bajo el alero del tejado mientras él iba a por al niño, y éste iba corriendo de un lado a otro como un loco.
¡Qué susto! Su madre tardará en volver a dejarle quedarse en casa de los primos un tiempo, pero no aprenderá la lección.

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